El trabajo lleva consigo un interés personal por las arquitecturas anónimas en los ilimitados recorridos por un determinado territorio. Lugares determinados por edificios los cuales no fueron proyectados por arquitectos, sino por la gente que les da sus propias características dependiendo de sus funciones, sus usos y los recursos disponibles. Este último punto resulta importante, ya que los recursos no son los mismos en todos los ámbitos de intervención. A modo de ejemplo, un iglú en la Antártida requiere de una morfología y pensamiento material para cobijar muy distinto a un tinglado metálico que solo aloja maquinarias en un contexto agrícola-ganadero. De esta diversidad de condiciones emergen múltiples tipologías de arquitecturas anónimas, capaces de ofrecer respuestas específicas para cada situación. Entre ellas, la tipología de capillas e iglesias en un sector particular del territorio adquiere relevancia como objeto de estudio desde una perspectiva territorial, espacial y material.
Estas tipologías fueron adquiriendo singularidad a medida que los poblados se desarrollaban desde sus períodos más tempranos. Su diversidad a lo largo del territorio evidencia una notable riqueza arquitectónica: cada una de estas capillas presenta características morfológicas y funcionales particulares, dando lugar a resultados diversos. Esta identidad arquitectónica está determinada por sus constructores - en su mayoría anónimos-, quienes, a partir de determinados conocimientos técnicos, de escala y de proporción, configuran espacios con cualidades propias. En el presente trabajo el foco estará puesto precisamente en el resultado espacial de estas arquitecturas: la riqueza que cada caso particular ofrece y en la manera en que cada uno constituye una respuesta única frente a las necesidades de lo sacro.
Así, el caso de estudio que a continuación se desarrolla se encuentra en un contexto espacial y temporal específico de la República Argentina. En lo que refiere a lo espacial, la Puna Jujeña es la que ha sido testigo del desarrollo de estas arquitecturas que están ligadas mediante factores climáticos, sociales, económicos y culturales. Este territorio, dominado por tres provincias que conforman la región Noroeste Argentino (Salta, Jujuy, Tucumán), continúa siendo el asentamiento de poblaciones originarias que han sabido captar la esencia de la materia y transformarla en objetos modelados de diversas escalas; una vasija o una capilla comparten características intrínsecas en el modo de manipular la materia a través de las manos. En lo temporal, quizás resulta obvio que el territorio se transforme por cuestiones demográficas, poblacionales e incluso económicas, pero cabe destacar que el caso de la Puna Jujeña tuvo una notable resistencia a grandes explosiones demográficas que, lógicamente modifican el paisaje natural y urbano de los poblados, para optar por una preservación de la esencia de este territorio. 
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La elección de la Capilla de Susques surge de su gran estado actual de conservación y su singular implantación en el territorio. Su construcción comienza a finales del Siglo XVII, aunque con el transcurrir de los años se produjeron algunas modificaciones en lo que concierne a lo estructural. Si bien estos datos permiten situar históricamente el edificio, su interés arquitectónico reside fundamentalmente en la claridad con la que expresa un sistema constructivo basado en técnicas de tierra propias del ámbito andino. La lectura fenomenológica de la capilla permite comprender tanto la atmósfera interior como la exterior percibiéndose tanto la atmósfera espacial así como su posicionamiento geográfico
Nuestro caso de estudio ha llegado a convertirse en un referente para ciertos autores que han captado su esencia del espacio y la materia para volcarlo en sus obras. Considerando algunas obras cuyas lógicas de nos remiten a los constructores anónimos, resulta pertinente para la culminación de la presente investigación el estudio de una ínfima selección de invariantes arquitectónicas. Estas obras, situadas en diversos contextos geográficos, nos permitirán comprender la concepción de esta arquitectura vernácula que domina el noroeste argentino, pero en clave moderna y/o contemporánea.
La experiencia espacial de la Capilla de Susques está dada por diversos factores: el espesor de los muros, la penumbra interior producida por el ingreso de luz, y la textura de la tierra trabajada. No se trata únicamente de decisiones constructivas, sino además de condiciones de la experiencia del espacio.
Gastón Bachelard, al desarrollar su noción de imaginación material, sostiene que cada materia despierta imágenes sensibles específicas que configuran nuestra experiencia poética del mundo. En este sentido, los interiores de las capillas andinas no se perciben únicamente desde su dimensión funcional o constructiva, sino también a través de las sensaciones producidas por la luz, la penumbra, la textura de los muros y la presencia material del adobe. La espacialidad interior adquiere así una condición íntima y contemplativa, donde materia y atmósfera participan conjuntamente en la construcción de la experiencia sensible del espacio.    
       
Uno de los factores que determina la singularidad en el aspecto constructivo de la Capilla de Susques es su empirismo y el uso de los escasos recursos disponibles para tal fin. Este pragmático trabajo de modelado con las manos tiene su intrínseca relación con la escultura, donde a partir de una masa de materia prima, la mano del hombre permite que, mediante un proceso de lógica intelectual, esa materia adquiera una forma determinada. Esta interpretación fue formulada por Juhani Pallasmaa, quien sostiene que “la mano no es únicamente un ejecutor fiel y pasivo de las intenciones del cerebro, sino que más bien tiene su intencionalidad, su conocimiento y sus propias habilidades. El estudio de la importancia de la mano se amplía de un modo más general hacia la importancia de la personificación en la existencia humana y del trabajo creativo”
            Esta condición empírica favoreció un progresivo proceso de especialización técnica. En este sentido, cabe señalar que muchas reconstrucciones y restauraciones contemporáneas de estos edificios no reproducen exactamente las técnicas de los constructores anónimos, sino que incorporan procedimientos más avanzados producto de la evolución histórica de la técnica.